Premios y homenajes

Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz

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2014

Inés Fernández Moreno

(Buenos Aires, 1947)

La escritora argentina Inés Fernández Moreno (1947) es la ganadora de la edición 2014 del Premio Sor Juana Inés de la Cruz, por su novela El cielo no existe (Alfaguara) ambientada en el Buenos Aires urbano y contemporáneo.

El jurado integrado por Martha Cerda y Malena Mijares, de México, y Edmundo Paz Soldán, de Bolivia, decidió por unanimidad conceder el galardón correspondiente a 2014 a esta novela “que se mueve con humor e ironía en un mundo que a la vez recrea el escenario de la ciudad de Buenos Aires, visto desde la cotidianidad más opaca, y el universo interior muchas veces sombrío de la protagonista, quien viaja a través de sus recuerdos para confrontar su duro e incierto presente”.

Inés Fernández Moreno nació en Buenos Aires, es egresada de la carrera de letras de la Universidad de Buenos Aires. Ha trabajado en su país como creativa en publicidad y marketing. Ha colaborado en la revista Ñ, el diario La Nación y otros medios periodísticos de Buenos Aires.

En 1992 ganó en España, el Primer Premio La Felguera con su cuento “Madre para armar”. En 1996 fue segundo Premio de Cuentos de Editorial Desde la Gente con su cuento “Tengo todo lo que no he perdido”. En 1999 publicó La última vez que maté a mi madre (Editorial Perfil Libros). Primer Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, categoría novela, y Premio Letras de oro 2000 de Honorarte. También ha publicado Hombres como médanos (Editorial Alfaguara), La profesora de español (Editorial Alfaguara, 2005). Sus cuentos han sido traducidos a distintos idiomas y figuran en diversas antologías.

La autora sabe construir personajes y tejer con destreza reflexiones y sentimientos; sabe oscilar entre las cosas comunes de la vida y las complejidades de la historia de Cala, la protagonista. Maneja con solvencia los planos narrativos. Es una novela en la que a un personaje ordinario le pasan cosas extraordinarias. Es una novela excelente, urbana y muy vigente, asienta el jurado en el acta de la sesión de deliberación.

Discurso

….Cuando me enteré de que había ganado este Premio, que lleva el nombre de una mujer tan excepcional como Sor Juana Inés de la Cruz, después de la euforia, de la alegría, empecé a repasar algo acerca de su vida y su obra. Confieso que apenas recordaba sus célebres redondillas, así que fui de asombro en asombro. Por esos días el mundo entero seguía las noticias de la atrocidad de 43 normalistas desaparecidos en México. Una tragedia que nos mantiene en estado de expectación y de espanto. En otro orden de cosas, También Leí en esos días otra noticia espeluznante: una joven kenyana de la tribu masai, cuando le llegó la edad de la ablación según la costumbre de su tribu, hizo un trato con su padre: ella se sometería al cuchillito oxidado de la vieja que iba a castrarla a cambio de que le permitieran hacer la escuela secundaria. Cambió su integridad física, su sexualidad, por conocimiento. (Creó después la primera escuela para chicas de su aldea.) Un precio altísimo. Tal vez Sor Juana cuando eligió el convento, hizo algo similar. Elegir un ámbito que le permitiera desarrollar su enorme potencial. Y aún así, fue acosada en forma constante por la iglesia, por las ideas estrechas todavía inquisitoriales de la cultura colonial. Es que el conocimiento ha sido desde siempre una amenaza para los poderes autoritarios, los déspotas y los corruptos. Vengo de Oaxaca donde leí sobre un muro una pintada que decía sólo sé que si sé, me desaparecen. Una consigna que resuena dolorosamente en la Argentina. Méjico lo sabe y fue un país que cobijó generosamente a muchos grandes argentinos. Siglo tras siglo, eso sigue siendo así.
Había que ser genial como Sor Juana Inés para conmover los límites que le imponía su época. Tener una suma de coraje, de talento y de inteligencia. Una inteligencia versátil. que tanto se ejercía observando el Universo –y poetizando luego su movimiento en Primero Sueño- como observando un huevo frito.
En la respuesta a la carta de Sor Filotea, además del los muchos argumentos que despliega , Sor Juana dice. Pues ¿qué os pudiera contar, Señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? “Ver que un huevo se une y fríe en la manteca o aceite y, por contrario, se despedaza en el almíbar; ver que para que el azúcar se conserve fluida basta echarle una muy mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria; ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos, que sirven para el azúcar, sirve cada una de por sí y juntos no.” Y concluye con ironía ¿qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.
No hay temas pequeños. El misterio y el desafío del conocimiento (y de la literatura y el arte) están en todas partes. Recordé que también Clarice Lispector escribió un texto genial pensando en el huevo: el huevo y la gallina. Y Tununa Mercado escribió Antieros, un cuento donde la mujer, estando guisando, toca el misterio mismo de la creación y logra el climax de su sexualidad y de su libertad. La casa deja de ser su prisión y pasa a ser toda ella el regocijante cuarto propio que quería Virginia Woolf. Esto es la celebración de la diferencia. Un momento de inflexión importante en la lucha de las mujeres.
Los documentos del sufrimiento y la inferiorización que hemos sufrido como género barren la historia desde Platón y Sócrates (aquello del cerebro más pequeño) en adelante. Son trágicos, y a veces cómicos de tan trogloditas. Como JM Heredia, poeta del siglo 19, un anti Sor Juana en toda la línea, que en su poema “Plan de estudio”, le dice a una mujer

A Minerva te consagras?
Perdone amor tu imprudencia
Advierte que tanta ciencia
No es propia de la beldad

No: tu sencillez conserva
Y esa feliz ignorancia
Que la deliciosa infancia
Te recuerda sin cesar

Incluso les da instrucciones precisas: no meterse con los mapas ni con la historia
En el mapa nunca busques
Los climas tristes, lejanos
Etc etc

Y concluye

Sabiendo amarme no quieras saber más
Es cierto que desde entonces las mujeres, la segunda minoría discriminada en el mundo ha logrado enormes avances. Dejan de ser esos deliciosos animalitos ignorantes que quería Heredia y pasan a destacarse en todos los campos de la cultura. Aunque de forma despareja, y fragmentaria.
Lo mismo que Heredia, pero sin rima, me decía mi dentista un siglo después cuando yo era chica, y me tenía indefensa con la boca abierta: “Inesita no estudies tanto que así no vas a conseguir novio”
Siguiendo con lo personal, puedo contarles que mi abuelo Baldomero -poeta célebre en mi país- veía con horror que también mi abuela quisiera escribir poesía. ¡Poesía lírica! Poner así a la intemperie su intimidad. De manera que ella dócilmente pasaba a máquina los poemas de él y escondía los propios en su caja de costura. Recién a los 80 años, ya viuda y con ayuda de sus hijos publicó un libro.
Yo también empecé bastante tarde, pero le llevo décadas de ventaja.
Es que las mujeres arrancan tarde, algunas ni siquiera tiene la posibilidad de hacerlo. Y el gran vehículo, imprescindible, para acelerar este despegue es la educación, el conocimiento que Sor Juana defendió con tanta pasión.
Así que estoy orgullosa de recibir un Premio que lleva un nombre tan luminoso, un premio que además por su trayectoria, y por las obras y las escritoras que ha premiado está más allá de una cuestión de géneros. El Sor Juana Inès inscribe a quien lo recibe lisa y llanamente en la corriente de la buena literatura.
Me siento honradísima de haberlo recibido y agradecida al Jurado desde ya y a la FIL, a mi editorial, a Julia Saltzmann que siempre me dio su voto de confianza, a mi familia, a los amigos que me ayudaron de diversas maneras y a todos ustedes que lo celebran hoy conmigo, en el marco en que la Argentina, además, es el país invitado de honor.
Y quiero dedicarlo especialmente a todas aquellas personas, hombre y mujeres que luchan en el mundo por la educación.