La invasión rusa a Ucrania ha supuesto un nuevo escenario bélico no sólo en Europa, sino para el resto del orbe. Las batallas ya no sólo se libran en el terreno armamentista y estratégico, sino que migran a terrenos supuestamente neutrales como el mercado, los medios de comunicación, el mundo del arte y la red: las sanciones económicas entre estados, los boicots de las empresas y de los artistas, así como los ataques cibernéticos, constituyen una nueva forma de agresión entre naciones que involucra a sus agentes económicos, sus periodistas y la población civil de formas novedosas.
Dentro de ello, en años más recientes la esfera digital ha tomado más importancia como espacio de acción de los Estados. Todo el espionaje, sabotaje, propaganda, fake news o ataques directos a sistemas de infraestructura se efectúa por medio de la esfera digital. Estas nuevas modalidades de conflicto representan nuevas amenazas a escala global. La ciberguerra no solamente representa una amenaza desde el exterior, también representa un reto de forma doméstica. El ciberespacio es ahora un posible mecanismo de desestabilización social, desinformación en redes sociales, el crecimiento exponencial de las teorías de conspiración, y hasta posible intervención en elecciones. Todas estas nuevas modalidades ponen en riesgo el orden democrático establecido. ¿Están los estados y sus instituciones preparadas para este nuevo paradigma? ¿Qué soluciones multilaterales en materia de seguridad se pueden emplear para salvaguardar el orden democrático y la estabilidad en el globo?