Comunicado
Guadalajara, Jalisco, a 05 de diciembre de 2025
Las letras también incomodan
Liliana Blum, Mónica Ojeda, Ferrán García y Bernardo Esquinca ofrecieron una indagación directa al origen de la oscuridad dentro de sus obras
La efusividad de los aplausos fue apenas el preámbulo de lo que venía. En la mesa, cuatro autores cuya obra fue descrita por Rogelio Guedea como “una literatura que no busca consuelo ni escapar de la brutalidad de lo letal, sino al contrario: iluminar sus grietas, sacudir la complacencia y poner en palabras lo que muchas veces preferimos ignorar”, palabras que dictaron la pauta de la charla “Literatura incómoda” dentro de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Liliana Blum, Bernardo Esquinca, Ferrán García y Mónica Ojeda compartieron con los presentes un poco del germen que dio paso a la inspiración para crear literatura cuya esencia radica, principalmente, en despertar sensaciones de incomodidad.
Cuando se le preguntó a cada uno de los participantes por el momento donde identifican que se detonó esta fascinación por el horror, todos coincidieron en que surgió a una edad temprana; bajo muy distintas circunstancias, las escritoras y escritores se remontaron a los años de su infancia.
Liliana compartió que, a partir de una relación compleja con su padre, comenzó a obsesionarse con el debate interno por saber si ella era mala o no, siendo este el preámbulo a una profunda indagación personal que desarrollaría en la adolescencia, y que posteriormente comenzaría a “exorcizar” en el tono de sus libros.
Por otra parte, Mónica confesó haber estado expuesta a historias, hasta cierto punto, trastocadas por lo oscuro por medio de su abuelo, quien padecía de esquizofrenia paranoide. “Mi abuelo venía todas las tardes a contarme historias que empezaban dirigidas a una niña, pero muy pronto se comenzaban a torcer”. De esa forma, gracias a las historias narradas desde la oralidad, fue que tuvo su acercamiento a la literatura y, posteriormente, a la escritura.
Bernardo, en contraste, dijo tener “una infancia horriblemente normal”, con el único detalle de que sus padres eran demasiado apegados a la religión católica. Esto, según mencionó, le inoculó una serie de traumas que, aunque ahora como adulto razona distinto, en su momento perturbaron su mente.
Finalmente, Ferrán declaró también haber tenido una infancia de lo más normal y amorosa: “Es algo que llevo en mí”. Sin embargo, dijo que, si tuviera que buscar algún momento, sería un recuerdo: se remontaría a sus siete años, cuando su madre cayó de un segundo piso.
Aunque afortunadamente, declaró, este accidente no concluyó en tragedia, sí es cierto que ahí encontró un escenario de dualidad que le marcó. La mente le traicionó en esos minutos de angustia en los que corrió hacia su madre: “La única cosa que veía era a mi madre, no simplemente muerta, sino que destrozada; pero al mismo tiempo, no podía dejar de respirar ese aroma tan bonito a magnolia“.
Tras una serie de preguntas que ahondaron en las experiencias de los autores, los tres coincidieron en que su literatura no es una manera de evadir la realidad que viven, sino más bien de encararla, aunque esto pueda resultar incómodo, tanto para ellos como para sus lectores. Mónica Ojeda dijo que si bien hasta cierto punto es sano mirar hacia otro lado, hay momentos en los que también tenemos que ver la realidad que muchas veces queremos mantener oculta.
“Para mí todo está en la mente”, explicó Esquinca, “porque en este momento que vivimos, en estas ciudades tan complejas, con todas las presiones con las que vivimos; la lucha es por nuestra cordura, y ahí la literatura tiene mucho para explorar”.
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