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Prensa

 

Guadalajara, Jalisco, a 01 de diciembre de 2023

Humor negro para reflexionar

Un grupo de escritores se reunió para discutir sobre la oportunidad de la comedia oscura en la literatura dentro de la FIL Guadalajara

 

Acaso involuntario, nada fuera de lo común (al menos desde la perspectiva del autor), en ocasiones una mofa de sí mismo y hasta un reflejo cultural, el humor negro puede tomar diversas formas, pero tienen en común llegar en un momento inoportuno, que puede provocar culpa, o una reflexión sobre lo que ha disparado la risa en uno. Esa fue la coincidencia de los participantes de la mesa “El humor negro y la tragicomedia en la literatura” dentro de las actividades de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que este año tiene a la Unión Europea, Invitada de Honor.

“Cuando se habla de humor negro, me gusta más llamarle humor inoportuno; es como reír cuando no se debería reír, cuando no se tendría que reír, pero no es algo que puedas programar, los que intentamos escribir comedia buscamos una serie de efectos, estos flechazos, pero que no necesariamente van a caer en el lugar que tú preveías”, dijo Juan Pablo Villalobos, escritor y crítico literario mexicano.

Como ejemplo habló de la película No voy a pedirle a nadie que me crea (basada en uno de sus libros) a cuya proyección acudió la semana pasada. La película tiene muchos chistes y el autor ya tiene una idea de las partes de la cinta en donde el público se va a reír, y otras donde esperaría que nadie se riera, pues están llenas de drama que suponen tocar el alma de las personas hasta conmoverlas.

“Si quieres que la gente se ría tienes que construir un ambiente de insensibilidad, en cuanto surgen los sentimientos, en cuanto la gente recupera la sensibilidad, ya no se puede reír, incluso te ofendes, porque ya no hay la posibilidad de reírte de eso. Entonces, en el momento en que eso se rompe y viene lo sensible, y nadie tendría que reír, viene una carcajada brutal de una persona que rio mucho, ¡y a mí me ofendió muchísimo! Porque además rompió el momento de la película”.

Es lo que sucede, es un humor inoportuno que en ocasiones funciona contra sí mismo, justificó. Justamente esa inoportunidad es la que hace reflexionar al espectador, es un humor que, comparado con una comedia más blanca y ligera, deja un sentimiento de culpa al momento de terminar de reír, una sensación de incomodidad por reírse. “Cuando se habla del humor negro, la gente que no entra en el código, porque no puede ser insensible, te dice, ‘¿esto te parece chistoso?’”. Es, señaló, cuando uno se da cuenta de que el humor es negro, muy diferente a la burla, que lo que busca es dañar.

Matías Moscardi, escritor argentino, consideró que una novela fundadora del género, que data de 1896, es Un hombre que ríe, de Víctor Hugo. Es la historia de Gwynplaine, que es un hijo de reyes que por varias circunstancias es vendido cuando es un bebé a una banda francesa llamada los Comprachicos, que se caracterizaba por deformar los cuerpos de las personas; a él le cortan la cara para hacerle una cicatriz en forma de sonrisa.

Es una evolución de la tragicomedia griega, simbolizada por dos caras, una que ríe y otra que llora. En el caso de Víctor Hugo, no están esas dos caras, sino una cara que es forzada a reír y entonces la risa tiene la forma de un estigma. “Todo el tiempo de la novela eso se procesa como un problema social, esa cicatriz”.

Carla Zúñiga Morales, dramaturga, directora y actriz chilena, gusta mucho del humor negro y de la tragicomedia porque saca a los espectadores del “seminarismo”, de esa solemnidad social, y eso lo aprendió a los catorce años de edad cuando estaba en el funeral de su hermano. Ese día sus amigas comenzaron a contarle chistes y estuvieron riendo sin parar; sin embargo, ese recuerdo es muy triste. En ese momento tan feliz aparecen también momentos tristes, es la complejidad de las emociones.

Ella tiene una obra de una chica que se va a morir de cáncer y que entonces quiere conocer a su padre antes de morir, pero esa obra es una comedia, ese patetismo es algo que le da mucha gracia.

La escritora noruega Nina Lykke no trata de escribir con humor, de hecho, ella considera que su obra es muy oscura, sin embargo, sus lectores se dividen entre aquellos que creen que sus relatos son desgarradores y aquellos que los tienen por obras hilarantes, y eso la desconcierta porque ella escribe sobre lo que pasa en su vida cotidiana.

“No sé si alguien de ustedes ha leído mis libros, tal vez no, pero en Noruega se me ha llamado muy humorista, nunca trato de ser humorística cuando escribo, escribo cuando estoy irritada y encuentro que lo que escribo en esas circunstancias se vuelve cómico, cuando lo leo me río, pero no cuando lo escribo, para mí no existe el humor negro, porque el humor es negro, es el único tipo de humorismo”.

Como ejemplo, recordó una anécdota de su madre cuando se quiso meter de reversa en un lugar lleno de infantes. “Hay niños ahí”, le advirtió a su madre, y ella le respondió: “‘Ah, no te preocupes, hay demasiados’. Es de donde vengo, es mi columna vertebral”.

Unai Elorriaga, escritor y traductor español, opinó que uno de los objetivos de su literatura es sorprender al lector de alguna manera con un final inesperado, un giro, y ¿qué es el humor? Es una sorpresa, si se ríe el lector es porque no esperaba ese final, puede ser un humor negro o de cualquier color. Recordó que en una ocasión lo entrevistaron cuando tenía 30 años junto con otro escritor de 80. El anciano comentó que la literatura debía ser como una alameda en donde el lector debe pasear a gusto. “Tiene que ser lo contrario, al lector hay que darle hachazos, hay pasarle una flecha para que no avance y para que a cada paso pare, se sorprenda y empiece a reflexionar, sobre todo el humor irónico, cuando pasa una cosa trágica y entonces te estás riendo, te das cuenta de que hay algo que hay que reflexionar”.

 

Para más información contacte a:

Mariño González, coordinadora general de Prensa y Difusión, al teléfono (+52) 33 3810 0331, ext. 950