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Prensa

 

Guadalajara, Jalisco, a 05 de diciembre de 2021

El cuento está más vivo que nunca

El Encuentro Internacional de Cuentistas volvió a refrendar el gusto de los lectores por el género y por el contacto con sus autores

 

Llevar la escritura a sus áreas limítrofes es un trabajo indispensable para el escritor, y no se diga cuando se trata de escribir cuentos. Así se constató durante la edición 35 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en cuyo ámbito se llevó a cabo la decimoquinta edición del Encuentro Internacional de Cuentistas. Durante las dos sesiones de la actividad, coordinada por Alberto Chimal, deleitaron al público leyendo sus cuentos los autores Carlos Castán, Cecilia Eudave, Mónica Ojeda y Eduardo Antonio Parra.

Las lecturas del viernes dialogaron, según los autores, en un tono sórdido, pues sus autores ahondan en la psicología de los personajes, el desorden humano y los tonos oscuros. Los cuentos que leyeron tenían base en experiencias del cuerpo. Por un lado, Cecilia Eudave contó uno que nació tras entrar en una depresión química. El relato es un profundo viaje el inconsciente humano de la depresión. Por su parte, el cuento de Carlos, como él dijo, “es para personas igual de traumatizadas”. Se trata de una historia que sucede entre conflictos morales. La tristeza y el cuerpo también formaron parte de los temas vigentes en el cuento.

El cuerpo femenino estuvo más presente en la entrega del sábado. Las lecturas feministas y morbosas de Mónica Ojeda hacían que al público le explotaran las tripas. Su escritura, como ilustra en su cuento “Sangre coagulada”, donde relata “una arboleda de cuerpos de sangre”, imagen que describe a la perfección los cuentos de Mónica. La historia que narró fue la de un parto y la menstruación. Decapitar gente y experimentar con la violencia son temas que coexisten con su narrativa feminista y poderosa.

Eduardo Antonio Parra leyó sus textos basándose, al igual que Mónica, en la violencia. No obstante, esta fue la violencia de un parto. A Eduardo le encanta leer y escribir cuentos “que revuelvan las tripas al lector”, y en una coincidencia narró una historia similar a la de Mónica, aunque de estilos diferentes, al igual relató la historia de una mujer preñada ahondando, asimismo, en problemas morales y sociales.

Escribir es violencia y, todas estas historias narran lo que para el autor es esa experimentación del cuerpo. El que hierva la sangre y revolver tripas no es lo único en su lectura, ellos mismos se extienden en sus escritos y llegan a la mente de los lectores. “La literatura es cuerpo”, mencionó la escritora Mónica Ojeda, y añadió que “sin el cuerpo no se puede escribir, nos volvemos uno con nuestras lecturas, y como tal los lectores se adentran en su cuerpo con el afán de descubrirse a sí mismos”.

 

Para más información contacte a:

Mariño González, coordinador general de Prensa y Difusión, al teléfono (52) 33 3810 0331, ext. 950