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Guadalajara, Jalisco, a 04 de diciembre de 2016

Cuatro escritores latinoamericanos compartieron sus experiencias ochenteras

Daniel Centeno, Fernando Ampuero, María Negroni y Consuelo Fitzgerald hablaron sobre cómo fue vivir en los años ochenta en América Latina

 

Ayer, dentro del programa de América Latina, invitada de honor a la 30 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se llevó a cabo la mesa “Los ochenta: la memoria de neón”, moderada por el escritor venezolano Daniel Centeno y en la que participaron el peruano Fernando Ampuero, la argentina María Negroni y la panameña Consuelo Fitzgerald.

Al principio se dijo que había algo de confusión en el título, pero poco a poco los escritores se fueron abriendo paso con anécdotas de sus años de formación literaria y la década en la que se publicaron sus primeros libros, tiempos muy muy diferentes a los de hoy y con cierta efervescencia política, económica y social.

Ampuero afirmó que él escribió los primeros personajes de una novela en su país que fumaran mariguana. “En Perú no fue el neón sino la explosión [dijo en referencia a los atentados de Sendero Luminoso que, durante la década de los 80, aterrorizó a la población civil]. La bonanza estaba en otros países de la región”, dijo y añadió que, sin embargo, “los ochenta fueron una etapa importante que me definió literariamente”.

Por su parte, María Negroni recordó que durante la dictadura militar de los setenta y principios de los ochenta era difícil publicar en Argentina. “Durante la dictadura en la década de los setenta yo era una joven aislada. No había revistas literarias ni círculos de poesía. Vivía en un exilio interno para sobrevivir”. Subrayó que cuando llegó la democracia se fue a Nueva York, urbe que “en 1983 no era la ciudad de ahora. No tiene nada que ver, era el lugar más fascinante donde pasearse: un abismo permanente, un muestrario de todas las miserias humanas. Eso era una invitación a la creación. No había internet pero sí las maravillosas bibliotecas”.

Además, afirmó que a esta generación fue afortunada en cuanto a la época en la que vivieron de jóvenes. “Sí creo que nos tocó la buena suerte de participar de una juventud muy activa. Música, el movimiento del 68, la revolución cubana. Hoy hay una homogeneización del todos los mundos posibles. Hay algo que se pierde”, sentenció.

Fitzgerald declaró que “era la universidad donde reuníamos y donde nos formábamos políticamente. Leíamos a los clásicos, a los nacionales, íbamos a los barrios a leer poesía. Panamá recibía exiliados de todos los países sudamericanos, estábamos metidos con la solidaridad de los países agobiados. Teníamos el ímpetu de llevar hasta las últimas consecuencias la vocación literaria”.

 

 

 

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