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Comunicado

Guadalajara, Jalisco, a 18 de marzo de 2026

Laudatio a Marisol Schulz

Jordi Soler

 

“No puedo imaginar la vida sin un libro”, confesó Marisol Schulz en una entrevista, y luego añadió que su ilusión es que todos se enteren “del beneficio que trae leer”. Los libros, omnipresentes en la vida de Marisol desde que era una niña, la han llevado a ser una de las editoras más importantes de nuestra lengua, y la directora de la feria del libro más grande del planeta.

Cuando era muy pequeña, su madre, la señora Manaut, observaba un ritual que dejaba enfilada a la niña hacia el mundo de los sueños; en lugar de invocar la dulce compañía del ángel de la guarda, como hacían las otras madres, le leía a su hija un cuento de Oscar Wilde. En una ocasión, que hubiera sido una desdicha para cualquier otra niña, una larga y gozosa hepatitis le permitió, durante varias semanas, pasarse el día entero en la cama, leyendo un libro tras otro.

“La vida es una tormenta de mierda, en la que el arte es nuestro único paraguas”, dijo con mucho tino Mario Vargas Llosa, cuando recibió el premio Nobel de literatura. El arte, y quien lo procura, lo difunde y lo gestiona, como ha hecho Marisol toda su vida con los libros, nos provee de ese paraguas que nos pone a salvo, no sólo de esa enojosa tormenta, también de la trivialidad, de la insignificancia, de las naderías y las tonterías.

El libro es un dispositivo que contiene historias, ideas, reflexiones, puntos de vista diversos sobre el mundo que nos rodea, que son siempre útiles para entender mejor la vida. Los libros acicatean la inteligencia y la imaginación: “la vida es una cárcel y sólo la imaginación puede abrir sus ventanas”, escribió Simon Leys.

Por cierto, los libros de Mario Vargas Llosa los editó Marisol Schulz, igual que los libros de Carlos Fuentes, ese escritor crucial de nuestra lengua que cuando un joven le preguntaba, atribulado, qué podía hacer para convertirse en escritor, Fuentes le respondía: primero que nada tienes que amar la lectura, leer todos los libros, “porque escribir no empieza contigo".

En 1995, el famoso actor Hugh Grant, hizo un homenaje, claramente involuntario, a los libros, a lo mucho que sirven para orientar una vida, o para repararla o enmendarla: Grant fue arrestado en la ciudad de Los Ángeles por un policía que lo sorprendió, en su automóvil, con una trabajadora sexual de nombre, no muy discreto, Divine Brown. El juez lo condenó a pagar 1,800 dólares, por “conducta lasciva”, más la obligación de someterse a un cursillo educativo sobre el SIDA. En Estados Unidos la carrera de Grant se dio por hundida y, como parte de esa estela catastrofista y gazmoña, una reportera de televisión le preguntó que si estaba asistiendo ya a una terapia para curarse de su problema, a lo que Hugh Grant respondió: No. In England we read novels. “No. En Inglaterra leemos novelas”.

Hace un poco más de treinta años, llegué a la oficina que tenía  Marisol Schulz, en el edificio del grupo Santillana, en la Ciudad de México. Marisol era la directora de Alfaguara, la editorial más importante de America Latina, en la que todo aspirante a escritor de verdad quería publicar sus libros. Desde el principio me impresionó esa manera inteligente y apasionada con la que iba ajustando las piezas de aquel libro, las sugerencias que hacía, el ánimo que me insuflaba y la seguridad que yo sentía al ver mi libro en su escritorio, bajo la luz de su lámpara, minuciosamente escrutado por la punta de su lápiz, acompañado por los manuscritos de los escritores más importantes de nuestra lengua.

A veces pienso que ese pequeño grupo de escritores privilegiados por el lápiz afilado de Marisol Schulz, esa afortunada minoría, fuimos sacrificados en nombre de un colectivo mayor, que hoy se beneficia de la FIL, “la madre de todas las ferias”, como diría nuestro amigo Juan Cruz, y de LeaLA, su hermana que crece en Los Ángeles, del otro lado de la frontera.

José Saramago, otro de los escritores que editó Marisol, dice en uno de sus libros: "Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos". Me queda claro que para conseguir nombrar esa cosa que somos, hay que leer muchos de libros.

Marisol Schulz lleva toda la vida en la industria del libro. Un biopic fugaz diría que estudió Historia, en la facultad de Filosofía y letras de la UNAM, que fue maestra de inglés en una escuela secundaria, que fue editora de la Gaceta de la UNAM, que escribió columnas de periódico y que en los años ochenta dirigió proyectos en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, y en el Instituto Nacional de Bellas Artes, donde fue subdirectora de Promoción de la Lectura. Que fundó PIALI, un programa para fomentar la lectura infantil. Que en el Grupo Santillana fue editora ejecutiva y directora de sellos como Alfaguara, Taurus y Altea entre 2000 y 2010. Que en 2010 fundó LéaLA, y que desde el 2013 es directora general de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La revista Forbes México dice que es una de las 50 mujeres más poderosas del país.

Marisol Schulz es hija del exilio español, de esa comunidad de personas que perdieron la guerra y se quedaron sin país, y fueron acogidas en México, el único país del mundo que apoyó siempre a la república española, contra el resto de los países que rápidamente se alinearon con el dictador. La educación sentimental, cultural y política de Marisol viene de la riqueza que produjo ese exilio trasplantado en México, que hizo de la tragedia de perderlo todo, la virtud de un futuro nuevo y lleno de posibilidades. Marisol es la hija de ese futuro, aprendió los fundamentos de la vida en la biblioteca de su abuelo, en esa pasión por el arte y por los libros que articulaba la casa de los Schulz Manaut, en esas largas   sobremesas con su familia donde los poetas del 27 y del siglo de oro se alternaban con el pan y con el vino. Los exiliados españoles que llegaron a México enriquecieron la vida cultural del país de una manera radical, y los hijos que fueron teniendo crecieron con la doble conciencia de su país y del país que habían tenido que abandonar los mayores, y que también era el suyo. Marisol proviene de esa tribu y, a lo largo de su vida, ha afilado su raíz valenciana y su inevitable querencia por Barcelona, una ciudad que ha hecho suya desde que era joven y circulaba por aquí, por estas calles, con esos artistas que la pintaban y la escribían, con esos músicos que ya cantaban la nova cançó. Esta medalla de oro al mérito cultural, que le otorga hoy la ciudad de Barcelona, certifica el corazón  del trabajo de Marisol Schulz: que es hacer feliz a esa multitud de lectores que ella ha ido forjando desde los primeros libros que editó, hasta ese universo, cada vez más grande, que palpita en los pasillos de la Feria de Guadalajara. Y a mí, querida Marisol, nada me hace más feliz que dedicarte estas palabras.

 

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Mariño González, coordinadora general de Prensa y Difusión, al teléfono (+52) 33 3810 0331, ext. 950